El suicidio

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jueves, 31 de enero de 2013

Los hambrientos y el derroche de alimentos


por Ana Alejandre

El alimento es necesario a todo ser vivo, entre los que nos encontramos los humanos. Pero la pobreza, el mayor estigma y causa de marginación, no sólo está castigando al llamado Tercer Mundo, sino a los propios países industrializados y avanzados, como es el caso de España, porque la crisis económica mundial ha hecho crecer la cifra de quienes pasan hambre y esa carencia de alimentos azota no sólo a los más de 1.000 millones de seres humanos que pasan hambre en el mundo no industrializado, sino a quienes antes han tenido su vida instalada en el confort y la seguridad económica y, de un plumazo, se han visto abocados a vivir de la caridad de las diversas organizaciones, entre ellas Caritas y Cruz Roja, para poder comer todos los días, lujo que en el presente, en su pobreza inesperada, les parece algo inalcanzable y como el recuerdo de un dulce sueño que reviven con angustia al despertarse y verse sumidos en la pesadilla que ahora les ha tocado vivir.

Pero lo que más hiere la sensibilidad de cualquier persona de bien, es leer noticias como las que la prensa ha ofrecido hace pocos días (El Mundo/Economía/10/01/13) en un artículo que afirma que la mitad de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura o pudriéndose en el campo. Dicho artículo cifra entre el 30% y el 50% de los 4.000 millones de toneladas de alimentos que se producen en el mundo los que no se consumen y terminan siendo desperdiciados, en un escandaloso despilfarro que no es de dinero o bienes, sino de algo tan esencial para la vida como son los alimentos que no llegan a esos 1.000 millones de seres que pasan hambre y mueren a causa de ello. Estos datos son los que contiene un escalofriante informe de Ingenieros Mecánicos (IME) británico que lleva por título "Global Food: Waste Not, Want No"'. (que viene a ser como "alimento global:a la basura, no quiera, no).

La demoledora cifra de entre 1.200 a 2.000 millones de toneladas que son arrojadas a la basura cada año, cuando esos 1.000 millones de personas pasan hambre, cifra que según la FAO es aún mayor en estos días, ha abierto un debate en Gran Bretaña sobre la inmoralidad, la falta de eficacia y los costes que genera en la industria alimentaria tal derroche intolerable.

Tan sólo en el Reino Unido se desechan al año siete millones de toneladas de alimentos, por un valor de 10.000 millones de libras (aproximadamente 12.500 millones de euros que equivale a 600 euros por familia) lo que son cifras alarmantes. En toda Europa se desechan 89 millones de toneladas de alimentos al año. En España son 7,7 millones de toneladas de comida se desperdicia, según ha informado el Parlamento Europeo de finales de 2012. España ocupa el sexto lugar entre los países europeos que más comida desechan. Alemania está en primer lugar y le siguen Holanda, Francia, Polonia e Italia.

A la mala administración de los alimentos por parte de los consumidores finales, con el coste que esto conlleva, hay que sumar los malos usos agrícolas, el almacenamiento no adecuado y los problemas añadidos durante la distribución y el transporte, que son las causas más importantes de tal desperdicio en los países en vía de desarrollo. En los que ya están desarrollados, los principales causantes de tal derroche de alimentos son, por el contrario, los supermercados y los diversos puntos de venta por su estricta política de caducidad, además de las "ofertas especiales" que incitan al comprador a adquirir más alimentos de los necesarios y la gran importancia que se le dan a la apariencia de los vegetales, principalmente, lo que provoca el desecho continuo de una gran parte de las cosechas de frutas y verduras.

El hecho de haberse dado cuenta de la enorme magnitud de este problema, ha hecho que la ONU haya tomado cartas en el asunto y se ha propuesto la reducción de un 50% de este despilfarro desde este momento hasta el año 2025. La Unión Europea, a su vez, se ha unido a este propósito y ha celebrado en el pasado mes de noviembre, la semana de Reducción de los Desechos, que ha sido secundada por España a través de decenas de iniciativas para mejorar el aprovechamiento de alimentos en épocas de crisis, como la que protagoniza Feeding Zaragoza que ha organizado comidas gratuitas para mil personas con las alimentos que desechaban los agricultores y los supermercados.

Cualquier tipo de medidas e iniciativas, tanto de las distintas Administraciones como de las empresas privadas, para terminar con esta situación que es completamente intolerable cuando tantos millones de seres humanos pasan hambre, siempre será una buena noticia. Sin embargo, todos estamos llamados a colaborar para evitar que este derroche inmoral se siga produciendo cuando hay más de 1.000 millones de personas que viven marginadas por el hambre, uno de los azotes de la Humanidad desde tiempos inmemoriales, y que ha costado la vida a muchos millones de seres humanos en las distintas y continuas hambrunas que han azotado por diversas causas al mundo, tanto el desarrollado como el subdesarrollado, y que ahora se extiende por todos los países como una oscura y silenciosa mancha que va cubriendo todos los estratos sociales, incluso los que han vivido instalados en la opulencia, cuando la crisis ha hecho que muchas familias tengan que buscar el alimento diario en las distintas organizaciones públicas y privadas para conseguir algo que es necesario para la vida y cuya consecución le ocupa todas las horas del día, porque cuando se tiene hambre no se puede pensar en otra cosa que no sea satisfacerla.

El derroche de alimentos es aún más escandaloso e injurioso para quienes tienen que comer de la ayuda caritativa por no ser capaces económicamente de poder pagar su propio sustento, en una cruel y sarcástica demostración de que en esta sociedad algo huele a podrido por cometer y consentir semejante injusticia y no es sólo el hedor de los alimentos podridos arrojados a la basura, sino la propia conciencia de esta sociedad alienante y enloquecida que debería parar esta sangría en la que se desperdician millones de toneladas de alimentos, porque está en peligro la propia vida de millones de seres humanos que los necesitan urgentemente para poder sobrevivir, y a pesar de las distintas declaraciones de intenciones para solucionar el problema en parte, ese año 2025, para muchos, sea una meta inalcanzable para llegar a ella vivos, porque antes habrán muerto de inanición.

Este terrible problema nos afecta a todos y del que somos también responsables, por eso hay que pensar dos veces antes de tirar alimentos a la basura y recordar que, para muchos marginados por la pobreza, esa comida que se va a desechar, por estar caducada o tener una apariencia no tan buena como la de los primeros días, es un auténtico lujo inalcanzable, pero completamente necesario para vivir cada día en el que la prioridad principal es conseguir alimento, esté o no caducado, tenga o no buena apariencia, porque el hambre no distingue apariencias ni es exigente, ni entiende de "fechas de caducidad", porque la fecha que verdaderamente preocupa a todo hambriento es la del día, uno tras otro, que no tenga nada que llevarse a la boca y, entonces, sí que habrá llegado la fecha de caducidad de su propia vida
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