El suicidio

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viernes, 22 de septiembre de 2017

Fobia social

Ana Alejandre



Una de las formas de automarginación,.voluntaria y sin intervención de terceras personas, es la de quienes padecen fobia social, un trastorno que suele causar un gran sufrimiento a quien lo padece y paulatinamente, origina su propia autormarginación social. Hay que explicar primero lo que los especialistas denominan así:


La definición de Fobia Social es la de un trastorno de ansiedad asociado al miedo de interactuar socialmente, o de hacer cosas normales y cotidianas delante de otros, como puede ser hablar, comer, escribir o ir a un baño público. La fobia nace del temor a lo que los demás puedan pensar de quien padece este trastorno y la puedan considerar una persona estúpida, torpe y, por lo tanto, ser rechazado o, peor aún, vivir situaciones humillantes o desagradables. Especialmente, lo que causa miedo a quienes padecen fobia social es a que las personas de alrededor noten los síntomas de la fobia que se traducen en el rubor, la incapacidad de hablar en público, la excesiva sudoración y en el deseo de huir del lugar en el que vive esa situación. No hay que confundir la fobia social con la simple timidez, porque la primera es mucho más intensa en sus síntomas, angustiosa y limitante de las actividades sociales y laborales de quien padece este trastorno. 

Antes de continuar con la definición de fobia social, hay que decir que muchos escritores, artistas y personajes célebres de la Historia padecieron este trastorno. Entre ellos se encuentran personajes tan diferentes como el orador griego Demóstenes, al que se le recuerda en su deseo de curarse la tartamudez metiéndose piedrecitas en la boca y hablar con ellas dentro y que padecía fobia social. También, el emperador Claudio tenía que leer sus discursos sentado, en vez de estar de pie como era lo usual, lo que le permitía “pasar desapercibido”, por su extremada fobia a hablar en público y su tartamudez.

En la actualidad, existen ejemplos de fóbicos sociales como el de la escritora austríaca Elfriede Jelineck, Premio Nobel de Literatura 2004, que se disculpó ante la Academia que concede dichos premios por no ir al acto de entrega, alegando que padecía desde hacía años de la llamada fobia social, diciendo que no podía asistir a ningún acto público. Así mismo, el famoso escritor argentino Jorge Luís Borges se consideraba incapaz de asistir a actos públicos como conferencias, presentaciones de libros y similares. Kafka, el genial escritor checo, también padecía este trastorno que el propio autor confesaba en su famosa obra “Carta al padre”, y reconocía su incapacidad de hablar en público, o de realizar tareas en las que tuviera que relacionarse con otras personas, como era la de atender la tienda de su padre, y eso le afectaba a su baja autoestima que le provocaba problemas en sus estudios e, incluso, le dificultaba encontrar esposa.

En el mundo del espectáculo, están los ejemplos de fóbicos sociales encarnados en la actriz y cantante Barbra Streisand que se vió obligada a abandonar los escenarios en 1967 y no volvió hasta 1994, cuando pudo superar la fobia social que había padecido durante tantos años. Otras figuras del espectáculo son las cantantes Mika y Adele, así como Scarlett Johansson que manifestó en una entrevista para la revista Glamour que padece miedo escénico, una manifestación de la fobia social porque exige hablar en público, desde la adolescencia, por lo que no puede actuar en una obra teatral. Otro ejemplo es Dustin Hoffman que le tenia fobia a la gran pantalla, curiosamente el medio en el que triunfó, y sólo pudo dirigir una película cuando había cumplido 75 años. También Salma Hayek, confiesa tener un gra miedo a actuar en un escenario, pues eso le provoca quedarse bloqueada (como ya se ha dicho, actuar en un teatro es una modalidad de hablar en público) a pesar de su gran éxito en el cine. Por último y para no hacer muy extensa la lista de famosos que padecen fobia social, está el caso de Madonna, la famosa cantante pop, que confiesa tener fobia a actuar en un escenario en espacios cerrados (no así en espacios abiertos como lleva haciendo durante tantos años), a pesar de su éxito musical.

Todos estos ejemplos de personas que han conseguido triunfar en sus respectivas áreas de actividad profesional, demuestra que la inteligencia y las diversas capacidades pueden coexistir en una persona con la fobia social, una de las muchas manifestaciones fóbicas que existen. Esto no desdice de la valía de la persona que pueda sufrirla ni evidencia ningún tipo de inferioridad.

Los fóbicos sociales son conscientes de que no deberían sentirse tan mal ante las situaciones desencadenantes, pero se sienten incapaces de controlar su miedo y su ansiedad. Además, el problema es que confunden el síntoma de malestar y ansiedad que les provocan ciertas situaciones, con el trastorno en sí mismo que es la fobia, es decir, confunden el trastorno con los síntomas, por lo que suelen evitar las situaciones que provocan el miedo y la ansiedad, en vez de acudir a un psicólogo para que le pueda ayudar a curarse de la fobia que le impide llevar una vida de relaciones sociales, laborales y familiares adecuadas. El fóbico muchas veces tiene problemas de pareja debido a su huida constante de las situaciones que le provocan la ansiedad y esto no es siempre comprendido en su justa medida.

La sintomatología de la fobia social no es distinta de la de otras fobias, pues los afectados por este trastorno presentan síntomas ansiosos y miedo extremo en las situaciones sociales diarias. Piensan que son observados y criticados por todo el mundo, y cuando hacen las cosas estando con otras personas sienten mucha vergüenza. El miedo y la ansiedad que sienten en esos momentos son tan intensos que interfiere en su trabajo, en sus estudios y la otras actividades cotidianas.-en 

Además, otros síntomas de la fobia social incluyen: ruborizarse (eritrofobia), dificultad para hablar, náuseas, sudoración profusa y temblores. Toda esta sintomatología provoca en los fóbicos sociales la evitación de las situaciones que puede provocarles el malestar y los síntomas que se enumeran anteriormente. Entre esas situaciones, las más comunes son asistir a fiestas y reuniones sociales, hablar en público, comer, beber y escribir delante de gente, conocer a nuevas personas, utilizar los baños públicos y hablar por teléfono con personas no muy allegadas.

Los expertos distinguen entre la fobia social específica cuando sólo afecta a un solo aspecto de la conducta, como puede ser la de hablar en público y la fobia social generalizada, que es la que sufre la mayoría de los fóbicos sociales que se ven afectados en varias situaciones sociales distintas, lo que comporta más actividades diferentes y amplía, en consecuencia, las limitaciones de interrelación del afectado por dicha fobia.

Se sabe estadísticamente que la fobia social la sufren más mujeres que hombres y afecta entre un 2% a un 4% de la población. La edad en la que aparecen los primeros síntomas suele ser la adolescencia e, incluso, muchos antes, y es habitual que las personas que la sufren no busquen ayuda hasta después de diez años de presentar los primeros síntomas. Como la mayoría de las fobias, el ambiente tiene un papel determinante en la psicología de cada individuo y, por consiguiente, en su aparición.

Comienza de forma progresiva, aunque hay casos que se inicia después de una experiencia traumática vivida por quien comienza a padecer este síndrome. No se puede quitar importancia a esta fobia, pues puede llegar a convertirse en un serio problema debido a que quien lo sufre tiende a aumentar su tendencia a evitar situaciones sociales, lo que puede ocasionar el aislamiento de la persona y a problemas derivados de ellos como son la depresión, el abuso del alcohol o el trastorno obsesivo-compulsivo.

El perfil de la personalidad de quienes son más propensos a sufrir esta fobia es la de personas con excesiva sensibilidad a la crítica negativa que padecen una baja autoestima, tienen mayor dificultad para autoafirmarse, temor a ser rechazado y tendencia a interpretar cualquier situación social predominantemente como precursora de la ansiedad que acompaña a esta fobia.

Una de las causas desencadenante, es la de la sobreprotección en la infancia, lo que ayuda al poco desarrollo de las habilidades sociales necesarias para un perfecto desenvolvimiento de individuo en sus relaciones interpersonales. Eso provoca el miedo a las relaciones sociales que son angustiosas a priori para quien padece este cuadro de ansiedad que siempre es muy desproporcionado para la causa que lo motiva y de ello se da cuenta quien sufre este trastorno, aunque esto no le sirve para calmar su angustia.

En este momento en el que se empieza a sentir la angustia generada por la situación social en cuestión, la amígdala se dispara ante un peligro inminente que solo está en el cerebro del fóbico social Aunque, afortunadamente la amígdala funciona en íntima interconexión con otras zonas del cerebro, como son la corteza prefrontal que analiza la situación dentro del contexto en el que se produce y da una respuesta más acorde con el estímulo que la provoca. Es decir, si una persona que padece esta fobia social tiene que hablar en público, su primer impulso sería el de huir del lugar, pero la corteza prefrontal puede inhibir ese impulso para permitir que el fóbico social pueda decir algo coherente con la situación en la que se encuentra y evita que salgo huyendo.

Esta fobia no se puede tomar como algo sin importancia ya que puede tomar un carácter crónico y ser muy limitante para la vida de relaciones de quien la padece. Por ello, es muy importante, según los expertos, que siga el tratamiento adecuado. Se utiliza habitualmente para tratar la fobia social la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), ya que ayuda a conocer la causa de este trastorno y facilita el desarrollo de nuevas formas de solucionar las situaciones en las que se originan la fobia social. La TCC entrena al paciente para descubrir los pensamientos irracionales y reemplazarlos por aquellos otros positivos que van a mejorar su calidad de vida. Además, la Terapia Cognitivo Conductual incluye estrategias de entrenamiento de habilidades sociales, relajación y exposición a las situaciones generadoras de ansiedad fóbica. Aunque la exposición es suficiente para la fobia social específica, pero para la fobia social generalizada, según los expertos, existen otros diferentes programas de intervención que incluyen distintas estrategias. 

Este método terapéutico está basado en la exposición paulatina a las situaciones que provocan el miedo o fobia, a lo que se une el continuo trabajo para controlar los pensamientos asociados a ese miedo a dicha situación y al entrenamiento en relajación. Todos estos factores pueden ser muy efectivos, según los especialistas.

También, el tratamiento grupal es muy aconsejable, pues proporciona la posibilidad de sentirse apoyado por el grupo que ayuda y potencia a crear la motivación y el compromiso por parte del fóbico a cumplir las tareas. Igualmente, permite exponer al fóbico social a las relaciones sociales en un ambiente seguro y a ensayar sus progresos. Esto puede ayudar a incrementar la autoestima.

A continuación se enumeran tres de los programas más utilizados (suelen utilizar el formato grupal):

Terapia cognitivo conductual en grupo, de Heimberg y cols. (1998): que comprende reestructuración cognitiva, tareas conductuales en grupo y exposición a situaciones cotidianas reales.

Terapia cognitivo conductual comprensiva de Davidson y cols. (2004): Que supone reestructuración cognitiva, tareas conductuales en grupo y exposición a situaciones cotidianas reales y entrenamiento en habilidades sociales.

Terapia cognitivo conductual de Clark y cols. (1995): que está basado en un Protocolo de tratamiento Individual más volcado a los aspectos cognitivos (interpretación de situaciones sociales, actuación y riesgo social, expectativas, atención, etc.).

Las preguntas que puede hacerse quien no sabe si padece  o no fobia social, aunque lo sospecha, pueden ser las siguientes: ¿Siento excesiva vergüenza al hablar con gente que no conozco? ¿Me siento muy inseguro cuando estoy rodeado de gente, la mayoría del tiempo? ¿Me produce un gran malestar hablar en público? ¿Estos miedos me dificultan mucho cumplir con mis ocupaciones diarias o hablar con otras personas en el ambiente laboral o estudiantil?

Si las respuestas mayoritariamente son positivas, es posible que sufra quien ha respondido un trastorno de ansiedad llamado fobia social. Este trastorno suele confundirse con la timidez, pero como ya se ha dicho anteriormente, la fobia es muycho más intensa en sus manifestaciones y no todas las personas tímidas sufren fobia social y, tampoco, muchos de los fóbicos sociales no padecen de timidez, sino de esta fobia.

Lo importante es que quien sepa o intuya que sufre esta fobia acuda a un especialista que le ayudará a superarla y podrá así salir de la automarginación social que padece y que le dificulta su vida de relaciones sociales a todos los niveles, despertando así a una nueva vida sin limitaciones a su vida  y a la comunicación con sus semejantes, propias de todo ser humano que vive en sociedad y que necesita las relaciones sociales para su bienestar y crecimiento personal.

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Bibliografía :

Hermans, D. Vantseenwegen, D. y Craske, M. G. (2008). Miedos y fobias: Debates, investigaciones futuras e implicaciones clínicas. En M. G. Craske, D. Hermans y Vansteenwegen (Eds.), Miedos y fobias: de los procesos básicos a las implicaciones clínicas (pp. 257-264). México: Manual Moderno.

Bravo, M. A. y Padrós, F., (2013) Modelos explicativos de la fobia social: Una aproximación cognitivo conductual. Uaricha, 11(24), 134-147.

Torgrud, L. J., Walker, J. R., Murray, L., Cox, B. J., Chartier, M. y Kjernisted, K. D. (2004). Deficits in perceived social support associated with generalized social phobia. Cognitive Behaviour Therapy, 33(2), 87–96.



jueves, 13 de abril de 2017

Adepto a una secta

Una de las formas más peligrosas de alienación y marginación de la sociedad es ser adepto de una secta y entrar en el círculo de manipulación que cada secta ejerce sobre sus adeptos para conseguir anular su voluntad y la adhesión completa a los principios e ideario que tiene cada uno de estos grupos de manipulación, representado siempre por el gurú de turno que hace de su propia voluntad y deseos, continuamente expresados, la regla general de obligado cumplimiento para todos los miembros de dicha secta.

Hay que tener en cuenta que en España nacen y desaparecen decenas de estas sectas cada año, que no son otra cosa que grupos de manipulación y control psicológico, sistema en el que se sustentan para conseguir adeptos y para conservarlos en el seno de las mismas, evitando todo tipo de rebelión o de insumisión a través de la extorsión, la amenaza y el lavado de cerebro que sufren quienes caen en las redes de estos grupos que, ocultándose bajo fines religiosos, culturales, sociales, terapéuticos, filosóficos e, incluso, políticos, realizan una labor sumamente perjudicial para quienes se hacen adeptos de estas perniciosas agrupaciones.

Hace una década, las sectas existentes tenían un cariz más de tipo espiritual, tanto hinduista como del tipo cristiano. Sin embargo, ahora la preponderancia de estos grupos es de corte terapéutico, esotéricos y de la nueva era.

Sus terapias anunciadas están basadas en el yoga, la meditación, y en ramas científicas como la física cuántica, sobre todo, que utilizan como forma de captación, a las que mezclan con teorías con las que no tienen relación alguna y son de muy difícil maridaje. De todo ello se deriva un mensaje reduccionista, pero muy atractivo para los futuros adeptos, y siempre acompañado de una exigencia total de entrega emocional y psicológica que termina, indefectiblemente, en una absoluta explotación económica que es, sin excepción alguna, el fin al que van encaminadas las distintas actuaciones de cada secta, tanto en la captación como en la manipulación psicológica de los adeptos.

Sin embargo, la mayoría de la gente piensa que las sectas es algo del pasado que tuvo su mayor preponderancia en la segunda mitad del siglo XX; pero, desgraciadamente, es una realidad actual que va en aumento, aunque han cambiado su imagen exterior, la mayoría de ellas, pero no el sistema de funcionamiento y las diversas técnicas de manipulación, pues es en ellas en las que se basa la propia idiosincrasia y existencia de las sectas.

La Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico, estima que más de medio millón de españoles son adeptos y, por lo tanto, víctimas de alguna secta destructiva y señalan que esta cifra va en un aumento imparable.

Una secta destructiva es, según los expertos, un grupo o movimiento que, independientemente de su credo o doctrina, lleva a cabo actividades de coerción e influencia social extremos, no éticos y manipuladores, que tienen como fin ejercer el control sobre  los adeptos para que muestren una total obediencia y sumisión a las directrices de la secta con total carencia de espíritu crítico, y con total dependencia existencial de la ideología,  acciones, actitudes o actividades del grupo, pero siempre con daño, real o posible, del adepto, de su familia o de la sociedad en general.

Actualmente, estas sectas ya no son grupos clandestinos  o secretos, sino que se ocultan bajo disfraces que ocultan sus verdaderos fines, por lo que se publicitan en todo tipo de medios o espacios públicos, ofreciendo servicios diversos, todos ellos con falsa apariencia de inocuidad: cursos de yoga, terapias alternativas, talleres de cocina,  o cursos sobre filosofía son los más usuales, aunque hay otros más sofisticados, incluidos los culturales en sus diversas vertientes.

Dicha Asociación Iberoamericana, citada anteriormente, afirma, según sus investigaciones, que en España existen actualmente unas 200 sectas destructivas, que tienen la mayoría su ámbito de operaciones en la Costa del Sol, especialmente en la provincia de Málaga, y en las Islas Canarias, zonas que es donde existe una mayoría de adeptos, además de las tres grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia.

La forma de captación de las diversas sectas varía mucho, aunque todas tienen los mismos fines como es la manipulación, la  sumisión incondicional y la explotación de sus respectivos adeptos. Para ello, se vale de diversas formas para atraer a futuros adeptos que suelen girar sobre la oferta de diversos servicios gratuitos: cursillos o talleres, en los que cualquier persona puede entrar en contacto con un grupo manipulador y coercitivo aunque no se autotitule como secta.

Los diferentes signos que pueden ayudar a identificar si la naturaleza del grupo en cuestión es sectario se pueden cifrar en los siguientes:

1.- En todos ellos existe un líder muy carismático que personifica el ideario de dicho grupo y crea y mantiene la dinámica del grupo, además de dictar las normas de funcionamiento. Siempre tiene el líder un perfil psicopatológico, con trastorno de personalidad narcisista y paranoide, megalómano y con ausencia total de respeto al prójimo,

2-. Intentos constantes de aislar a cada miembro del exterior, especialmente de su familia y amigos, para que el grupo se convierta en la única fuente de relaciones fiables y adecuadas para el adepto que tiene que aceptar dicha premisa.

3.- Un fin de explotación económica de los adeptos que es el que guía la actuación del gurú o líder de la secta y del círculo más próximo de organización y dirección de la misma.

A cualquier desaprensivo le resulta fácil crear una secta, o pseudosecta, porque las personas que se sienten interesadas y acuden a ella ya están viviendo muchas dificultades y son fácilmente vulnerables. El manipulador en cuestión se aprovecha de su fragilidad y actitud de  sumisión exigida para conseguir sus oscuros fines, pues hay muchos captados por sectas que han donado toda su fortuna a la misma que, curiosamente, está siempre a nombre de una sociedad de la que es titular el líder o gurú correspondiente, o personas de su familia.

El problema que tienen los adeptos hasta que consiguen, si lo hacen, abandonar dicho grupo que les coacciona, es que no advierten que tienen un gravísimo problema, pues ha dejado su vida, su voluntad, su capacidad de tomar decisiones, su criterio y, en ocasiones, como ya se ha dicho anteriormente, su fortuna personal y/o de su familia, en manos de quienes se convierten en sus propios carceleros; en una cárcel sutil que no tiene paredes, sino muros emocionales y psicológicos que el propio adepto ha ido creando a su alrededor, instigado por la secta en cuestión, y en el que se ha aislado de todo, de todos y hasta de sí mismo, para convertirse en un ser desprovisto de autonomía y capacidad para llevar las riendas de su vida que llevan otros en su lugar, y todo ello con su propia aceptación voluntaria, ignorante del peligro que ello conlleva.

La familia, en este caso, es muy importante para que se pueda librar de dicha prisión mental –y de ahí el interés de las sectas en aislar al adepto de su círculo de relaciones familiares y amistosas-, por lo que el grupo familiar debe llevar a cabo una estrategia para que el captado por la secta pueda tocar fondo y se cuestione la realidad engañosa y perjudicial que está viviendo en la secta; pero siempre debe estar acompañado por el afecto, la comprensión y la solidaridad de sus allegados, ya que si se siente abandonado en los momentos de crisis y vacilación, no podrá nunca romper las ataduras que le unen y someten a una secta. Los especialistas afirman la gran importancia de la familia en estos casos para ayudar a salvarse al adepto de las redes sectarias que le aprisionan, pero sin exigencias ni reproches, sino desde la comprensión, el cariño y la ayuda psicológica y emocional que necesita quien está prisionero en su propia cárcel interior de emociones encontradas.

Una de las organizaciones que asesoran y ayudan a personas afectados por los temas sectarios es AIS. Cada año reciben entre 150 a 200 peticiones de ayuda de familiares de personas que han ingresado en una secta que, en la mayoría de los casos, son sectas relacionadas con nuevas terapias. Algunos casos se resuelven con la salida de la secta del familiar, aunque siempre quedan secuelas psicológicas en el afectado, como pueden ser el miedo, la depresión, el constante sentimiento de culpa y otras manifestaciones relacionadas con la dependencia grupal.  A pesar de ello, muchos piensan que un psicólogo no les puede ayudar a superar esa etapa de recuperación, antes o después de salir de la secta, cuando es un error, ya que estos profesionales son los más indicados para tratar a quienes se sienten atrapados en las peligrosas redes sectarias.

Lamentablemente, en nuestro país no existe una legislación sobre grupos sectarios, por lo que la policía muchas veces se encuentran  con un vacío legal que no le facilita luchar contra estos grupos tan dañinos que operan con total impunidad. Sólo se les puede aplicar el art. 22 de la Constitución Española, que determina que "las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales". Pero es un proceso largo que necesita testigos, denuncias y demás pruebas que demuestren tal actividad perniciosa cuando el daño ya está hecho a las víctimas de la manipulación y el lavado de cerebro.

En el ámbito penal, son de aplicación los art. 515, del actual Código Penal, sobre asociación ilícita, el 522 del mismo texto legal, sobre libertad de conciencia, también conocido como proselitismo ilícito; así como los arts. 149, sobre lesiones mentales, art.163, sobre detención ilegal, art. 171sobre el delito de amenazas; el art. 172 que regula el delito de coacciones, el art. 173.1 sobre el trato degradante y los delitos contra la integridad moral, también del Código Penal. Todos ellos son de aplicación a posteriori, es decir cuando se han producido los hechos que son denunciados, pero no son de aplicación a priori o de forma preventiva.

Además, también se pueden aplicar ciertos artículos de La Ley de Enjuiciamiento Civil (art. 756 a 763) que regulan el proceso de incapacitación, que supone la restricción de la capacidad de obrar de una persona, cuando carece de autogobierno (según el artículo 200 del Código Civil), y otros sobre la tutela de los hijos.

En España se legalizan, ya que se registran  muchas sectas como entidades religiosas, que son  consideradas peligrosas en toda Europa como es el caso de la Iglesia de la Unificación,  o de la Cienciología y, en el caso de Los Testigos de Jehová, ha obtenido un estatus jurídico especial. Todo esto asombra al resto de Europa donde no se permite la legalización de dichas entidades.

En nuestro país no existe ninguna institución pública que tenga como finalidad impedir que surjan nuevas sectas destructivas y realicen un estudio y seguimiento de las ya existentes. Muchos de los profesionales de la salud y diversos agentes sociales están reclamando, desde mucho tiempo atrás, la creación de un observatorio antisectas que tenga  personalidad pública.

Todo este vacío legal que impida la nueva creación de dichas  entidades sectarias con diferentes nominaciones, ya que las existentes han sido creadas al amparo de la Ley de Asociaciones, cuando no bajo el registro de entidades religiosas, ha permitido la gran proliferación de sectas en España y su aumento progresivo.

Por todo ello, quien esté  integrado en una secta, bajo la constante manipulación, coacción y lavado de cerebro que le aisla de la sociedad, de su familia y de su círculo de relaciones, y quiera volver a ser dueño de su vida y de sus decisiones, puede solicitar ayuda psicológica de los profesionales que le podrán ayudar a tomar la decisión de abandonar la secta de la que es prisionero, y si ya lo ha hecho ya, de retomar su vida con total normalidad, sin miedos, ni culpa, ni angustia, porque el trauma que deja el paso por una secta es siempre indeleble y necesita de la ayuda profesional de profesionales de la salud que podrán ayudarle a quitarse definitivamente el yugo que le mantiene esclavizado a una secta, cualquiera de las que pululan por el territorio español, y que son igualmente destructivas todas ellas.

La Asociación para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), entidad de iniciativa privada, independiente, sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, cuyo vínculo aparece más abajo, puede serle también de igual ayuda a quién se sienta atrapado en una secta o haya salido de ella con las graves secuelas psicológicas que dicha experiencia conlleva. Puede ponerse en contacto con dicha Asociación, porque tiene los medios, la experiencia y los profesionales clínicos adecuados para ayudarle a solucionar y superar  tan difícil trance. Una ayuda eficaz y desinteresada que es necesaria porque el afectado por una secta no puede por sí solo encontrar la salida y, si lo ha hecho ya, volver a recobrar su vida anterior en plenitud sin la ayuda de profesionales cualificados y expertos en tan difícil tarea.

http://www.ais-info.org/