El suicidio

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viernes, 22 de septiembre de 2017

Fobia social

Ana Alejandre



Una de las formas de automarginación,.voluntaria y sin intervención de terceras personas, es la de quienes padecen fobia social, un trastorno que suele causar un gran sufrimiento a quien lo padece y paulatinamente, origina su propia autormarginación social. Hay que explicar primero lo que los especialistas denominan así:


La definición de Fobia Social es la de un trastorno de ansiedad asociado al miedo de interactuar socialmente, o de hacer cosas normales y cotidianas delante de otros, como puede ser hablar, comer, escribir o ir a un baño público. La fobia nace del temor a lo que los demás puedan pensar de quien padece este trastorno y la puedan considerar una persona estúpida, torpe y, por lo tanto, ser rechazado o, peor aún, vivir situaciones humillantes o desagradables. Especialmente, lo que causa miedo a quienes padecen fobia social es a que las personas de alrededor noten los síntomas de la fobia que se traducen en el rubor, la incapacidad de hablar en público, la excesiva sudoración y en el deseo de huir del lugar en el que vive esa situación. No hay que confundir la fobia social con la simple timidez, porque la primera es mucho más intensa en sus síntomas, angustiosa y limitante de las actividades sociales y laborales de quien padece este trastorno. 

Antes de continuar con la definición de fobia social, hay que decir que muchos escritores, artistas y personajes célebres de la Historia padecieron este trastorno. Entre ellos se encuentran personajes tan diferentes como el orador griego Demóstenes, al que se le recuerda en su deseo de curarse la tartamudez metiéndose piedrecitas en la boca y hablar con ellas dentro y que padecía fobia social. También, el emperador Claudio tenía que leer sus discursos sentado, en vez de estar de pie como era lo usual, lo que le permitía “pasar desapercibido”, por su extremada fobia a hablar en público y su tartamudez.

En la actualidad, existen ejemplos de fóbicos sociales como el de la escritora austríaca Elfriede Jelineck, Premio Nobel de Literatura 2004, que se disculpó ante la Academia que concede dichos premios por no ir al acto de entrega, alegando que padecía desde hacía años de la llamada fobia social, diciendo que no podía asistir a ningún acto público. Así mismo, el famoso escritor argentino Jorge Luís Borges se consideraba incapaz de asistir a actos públicos como conferencias, presentaciones de libros y similares. Kafka, el genial escritor checo, también padecía este trastorno que el propio autor confesaba en su famosa obra “Carta al padre”, y reconocía su incapacidad de hablar en público, o de realizar tareas en las que tuviera que relacionarse con otras personas, como era la de atender la tienda de su padre, y eso le afectaba a su baja autoestima que le provocaba problemas en sus estudios e, incluso, le dificultaba encontrar esposa.

En el mundo del espectáculo, están los ejemplos de fóbicos sociales encarnados en la actriz y cantante Barbra Streisand que se vió obligada a abandonar los escenarios en 1967 y no volvió hasta 1994, cuando pudo superar la fobia social que había padecido durante tantos años. Otras figuras del espectáculo son las cantantes Mika y Adele, así como Scarlett Johansson que manifestó en una entrevista para la revista Glamour que padece miedo escénico, una manifestación de la fobia social porque exige hablar en público, desde la adolescencia, por lo que no puede actuar en una obra teatral. Otro ejemplo es Dustin Hoffman que le tenia fobia a la gran pantalla, curiosamente el medio en el que triunfó, y sólo pudo dirigir una película cuando había cumplido 75 años. También Salma Hayek, confiesa tener un gra miedo a actuar en un escenario, pues eso le provoca quedarse bloqueada (como ya se ha dicho, actuar en un teatro es una modalidad de hablar en público) a pesar de su gran éxito en el cine. Por último y para no hacer muy extensa la lista de famosos que padecen fobia social, está el caso de Madonna, la famosa cantante pop, que confiesa tener fobia a actuar en un escenario en espacios cerrados (no así en espacios abiertos como lleva haciendo durante tantos años), a pesar de su éxito musical.

Todos estos ejemplos de personas que han conseguido triunfar en sus respectivas áreas de actividad profesional, demuestra que la inteligencia y las diversas capacidades pueden coexistir en una persona con la fobia social, una de las muchas manifestaciones fóbicas que existen. Esto no desdice de la valía de la persona que pueda sufrirla ni evidencia ningún tipo de inferioridad.

Los fóbicos sociales son conscientes de que no deberían sentirse tan mal ante las situaciones desencadenantes, pero se sienten incapaces de controlar su miedo y su ansiedad. Además, el problema es que confunden el síntoma de malestar y ansiedad que les provocan ciertas situaciones, con el trastorno en sí mismo que es la fobia, es decir, confunden el trastorno con los síntomas, por lo que suelen evitar las situaciones que provocan el miedo y la ansiedad, en vez de acudir a un psicólogo para que le pueda ayudar a curarse de la fobia que le impide llevar una vida de relaciones sociales, laborales y familiares adecuadas. El fóbico muchas veces tiene problemas de pareja debido a su huida constante de las situaciones que le provocan la ansiedad y esto no es siempre comprendido en su justa medida.

La sintomatología de la fobia social no es distinta de la de otras fobias, pues los afectados por este trastorno presentan síntomas ansiosos y miedo extremo en las situaciones sociales diarias. Piensan que son observados y criticados por todo el mundo, y cuando hacen las cosas estando con otras personas sienten mucha vergüenza. El miedo y la ansiedad que sienten en esos momentos son tan intensos que interfiere en su trabajo, en sus estudios y la otras actividades cotidianas.-en 

Además, otros síntomas de la fobia social incluyen: ruborizarse (eritrofobia), dificultad para hablar, náuseas, sudoración profusa y temblores. Toda esta sintomatología provoca en los fóbicos sociales la evitación de las situaciones que puede provocarles el malestar y los síntomas que se enumeran anteriormente. Entre esas situaciones, las más comunes son asistir a fiestas y reuniones sociales, hablar en público, comer, beber y escribir delante de gente, conocer a nuevas personas, utilizar los baños públicos y hablar por teléfono con personas no muy allegadas.

Los expertos distinguen entre la fobia social específica cuando sólo afecta a un solo aspecto de la conducta, como puede ser la de hablar en público y la fobia social generalizada, que es la que sufre la mayoría de los fóbicos sociales que se ven afectados en varias situaciones sociales distintas, lo que comporta más actividades diferentes y amplía, en consecuencia, las limitaciones de interrelación del afectado por dicha fobia.

Se sabe estadísticamente que la fobia social la sufren más mujeres que hombres y afecta entre un 2% a un 4% de la población. La edad en la que aparecen los primeros síntomas suele ser la adolescencia e, incluso, muchos antes, y es habitual que las personas que la sufren no busquen ayuda hasta después de diez años de presentar los primeros síntomas. Como la mayoría de las fobias, el ambiente tiene un papel determinante en la psicología de cada individuo y, por consiguiente, en su aparición.

Comienza de forma progresiva, aunque hay casos que se inicia después de una experiencia traumática vivida por quien comienza a padecer este síndrome. No se puede quitar importancia a esta fobia, pues puede llegar a convertirse en un serio problema debido a que quien lo sufre tiende a aumentar su tendencia a evitar situaciones sociales, lo que puede ocasionar el aislamiento de la persona y a problemas derivados de ellos como son la depresión, el abuso del alcohol o el trastorno obsesivo-compulsivo.

El perfil de la personalidad de quienes son más propensos a sufrir esta fobia es la de personas con excesiva sensibilidad a la crítica negativa que padecen una baja autoestima, tienen mayor dificultad para autoafirmarse, temor a ser rechazado y tendencia a interpretar cualquier situación social predominantemente como precursora de la ansiedad que acompaña a esta fobia.

Una de las causas desencadenante, es la de la sobreprotección en la infancia, lo que ayuda al poco desarrollo de las habilidades sociales necesarias para un perfecto desenvolvimiento de individuo en sus relaciones interpersonales. Eso provoca el miedo a las relaciones sociales que son angustiosas a priori para quien padece este cuadro de ansiedad que siempre es muy desproporcionado para la causa que lo motiva y de ello se da cuenta quien sufre este trastorno, aunque esto no le sirve para calmar su angustia.

En este momento en el que se empieza a sentir la angustia generada por la situación social en cuestión, la amígdala se dispara ante un peligro inminente que solo está en el cerebro del fóbico social Aunque, afortunadamente la amígdala funciona en íntima interconexión con otras zonas del cerebro, como son la corteza prefrontal que analiza la situación dentro del contexto en el que se produce y da una respuesta más acorde con el estímulo que la provoca. Es decir, si una persona que padece esta fobia social tiene que hablar en público, su primer impulso sería el de huir del lugar, pero la corteza prefrontal puede inhibir ese impulso para permitir que el fóbico social pueda decir algo coherente con la situación en la que se encuentra y evita que salgo huyendo.

Esta fobia no se puede tomar como algo sin importancia ya que puede tomar un carácter crónico y ser muy limitante para la vida de relaciones de quien la padece. Por ello, es muy importante, según los expertos, que siga el tratamiento adecuado. Se utiliza habitualmente para tratar la fobia social la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), ya que ayuda a conocer la causa de este trastorno y facilita el desarrollo de nuevas formas de solucionar las situaciones en las que se originan la fobia social. La TCC entrena al paciente para descubrir los pensamientos irracionales y reemplazarlos por aquellos otros positivos que van a mejorar su calidad de vida. Además, la Terapia Cognitivo Conductual incluye estrategias de entrenamiento de habilidades sociales, relajación y exposición a las situaciones generadoras de ansiedad fóbica. Aunque la exposición es suficiente para la fobia social específica, pero para la fobia social generalizada, según los expertos, existen otros diferentes programas de intervención que incluyen distintas estrategias. 

Este método terapéutico está basado en la exposición paulatina a las situaciones que provocan el miedo o fobia, a lo que se une el continuo trabajo para controlar los pensamientos asociados a ese miedo a dicha situación y al entrenamiento en relajación. Todos estos factores pueden ser muy efectivos, según los especialistas.

También, el tratamiento grupal es muy aconsejable, pues proporciona la posibilidad de sentirse apoyado por el grupo que ayuda y potencia a crear la motivación y el compromiso por parte del fóbico a cumplir las tareas. Igualmente, permite exponer al fóbico social a las relaciones sociales en un ambiente seguro y a ensayar sus progresos. Esto puede ayudar a incrementar la autoestima.

A continuación se enumeran tres de los programas más utilizados (suelen utilizar el formato grupal):

Terapia cognitivo conductual en grupo, de Heimberg y cols. (1998): que comprende reestructuración cognitiva, tareas conductuales en grupo y exposición a situaciones cotidianas reales.

Terapia cognitivo conductual comprensiva de Davidson y cols. (2004): Que supone reestructuración cognitiva, tareas conductuales en grupo y exposición a situaciones cotidianas reales y entrenamiento en habilidades sociales.

Terapia cognitivo conductual de Clark y cols. (1995): que está basado en un Protocolo de tratamiento Individual más volcado a los aspectos cognitivos (interpretación de situaciones sociales, actuación y riesgo social, expectativas, atención, etc.).

Las preguntas que puede hacerse quien no sabe si padece  o no fobia social, aunque lo sospecha, pueden ser las siguientes: ¿Siento excesiva vergüenza al hablar con gente que no conozco? ¿Me siento muy inseguro cuando estoy rodeado de gente, la mayoría del tiempo? ¿Me produce un gran malestar hablar en público? ¿Estos miedos me dificultan mucho cumplir con mis ocupaciones diarias o hablar con otras personas en el ambiente laboral o estudiantil?

Si las respuestas mayoritariamente son positivas, es posible que sufra quien ha respondido un trastorno de ansiedad llamado fobia social. Este trastorno suele confundirse con la timidez, pero como ya se ha dicho anteriormente, la fobia es muycho más intensa en sus manifestaciones y no todas las personas tímidas sufren fobia social y, tampoco, muchos de los fóbicos sociales no padecen de timidez, sino de esta fobia.

Lo importante es que quien sepa o intuya que sufre esta fobia acuda a un especialista que le ayudará a superarla y podrá así salir de la automarginación social que padece y que le dificulta su vida de relaciones sociales a todos los niveles, despertando así a una nueva vida sin limitaciones a su vida  y a la comunicación con sus semejantes, propias de todo ser humano que vive en sociedad y que necesita las relaciones sociales para su bienestar y crecimiento personal.

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Bibliografía :

Hermans, D. Vantseenwegen, D. y Craske, M. G. (2008). Miedos y fobias: Debates, investigaciones futuras e implicaciones clínicas. En M. G. Craske, D. Hermans y Vansteenwegen (Eds.), Miedos y fobias: de los procesos básicos a las implicaciones clínicas (pp. 257-264). México: Manual Moderno.

Bravo, M. A. y Padrós, F., (2013) Modelos explicativos de la fobia social: Una aproximación cognitivo conductual. Uaricha, 11(24), 134-147.

Torgrud, L. J., Walker, J. R., Murray, L., Cox, B. J., Chartier, M. y Kjernisted, K. D. (2004). Deficits in perceived social support associated with generalized social phobia. Cognitive Behaviour Therapy, 33(2), 87–96.