El suicidio

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jueves, 13 de abril de 2017

Adepto de secta

Una de las formas más peligrosas de alienación y marginación de la sociedad es ser adepto de una secta y entrar en el círculo de manipulación que cada secta ejerce sobre sus adeptos para conseguir anular su voluntad y la adhesión completa a los principios e ideario que tiene cada uno de estos grupos de manipulación, representado siempre por el gurú de turno que hace de su propia voluntad y deseos, continuamente expresados, la regla general de obligado cumplimiento para todos los miembros de dicha secta.

Hay que tener en cuenta que en España nacen y desaparecen decenas de estas sectas cada año, que no son otra cosa que grupos de manipulación y control psicológico, sistema en el que se sustentan para conseguir adeptos y para conservarlos en el seno de las mismas, evitando todo tipo de rebelión o de insumisión a través de la extorsión, la amenaza y el lavado de cerebro que sufren quienes caen en las redes de estos grupos que, ocultándose bajo fines religiosos, culturales, sociales, terapéuticos, filosóficos e, incluso, políticos, realizan una labor sumamente perjudicial para quienes se hacen adeptos de estas perniciosas agrupaciones.

Hace una década, las sectas existentes tenían un cariz más de tipo espiritual, tanto hinduista como del tipo cristiano. Sin embargo, ahora la preponderancia de estos grupos es de corte terapéutico, esotéricos y de la nueva era.

Sus terapias anunciadas están basadas en el yoga, la meditación, y en ramas científicas como la física cuántica, sobre todo, que utilizan como forma de captación, a las que mezclan con teorías con las que no tienen relación alguna y son de muy difícil maridaje. De todo ello se deriva un mensaje reduccionista, pero muy atractivo para los futuros adeptos, y siempre acompañado de una exigencia total de entrega emocional y psicológica que termina, indefectiblemente, en una absoluta explotación económica que es, sin excepción alguna, el fin al que van encaminadas las distintas actuaciones de cada secta, tanto en la captación como en la manipulación psicológica de los adeptos.

Sin embargo, la mayoría de la gente piensa que las sectas es algo del pasado que tuvo su mayor preponderancia en la segunda mitad del siglo XX; pero, desgraciadamente, es una realidad actual que va en aumento, aunque han cambiado su imagen exterior, la mayoría de ellas, pero no el sistema de funcionamiento y las diversas técnicas de manipulación, pues es en ellas en las que se basa la propia idiosincrasia y existencia de las sectas.

La Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico, estima que más de medio millón de españoles son adeptos y, por lo tanto, víctimas de alguna secta destructiva y señalan que esta cifra va en un aumento imparable.

Una secta destructiva es, según los expertos, un grupo o movimiento que, independientemente de su credo o doctrina, lleva a cabo actividades de coerción e influencia social extremos, no éticos y manipuladores, que tienen como fin ejercer el control sobre  los adeptos para que muestren una total obediencia y sumisión a las directrices de la secta con total carencia de espíritu crítico, y con total dependencia existencial de la ideología,  acciones, actitudes o actividades del grupo, pero siempre con daño, real o posible, del adepto, de su familia o de la sociedad en general.

Actualmente, estas sectas ya no son grupos clandestinos  o secretos, sino que se ocultan bajo disfraces que ocultan sus verdaderos fines, por lo que se publicitan en todo tipo de medios o espacios públicos, ofreciendo servicios diversos, todos ellos con falsa apariencia de inocuidad: cursos de yoga, terapias alternativas, talleres de cocina,  o cursos sobre filosofía son los más usuales, aunque hay otros más sofisticados, incluidos los culturales en sus diversas vertientes.

Dicha Asociación Iberoamericana, citada anteriormente, afirma, según sus investigaciones, que en España existen actualmente unas 200 sectas destructivas, que tienen la mayoría su ámbito de operaciones en la Costa del Sol, especialmente en la provincia de Málaga, y en las Islas Canarias, zonas que es donde existe una mayoría de adeptos, además de las tres grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia.

La forma de captación de las diversas sectas varía mucho, aunque todas tienen los mismos fines como es la manipulación, la  sumisión incondicional y la explotación de sus respectivos adeptos. Para ello, se vale de diversas formas para atraer a futuros adeptos que suelen girar sobre la oferta de diversos servicios gratuitos: cursillos o talleres, en los que cualquier persona puede entrar en contacto con un grupo manipulador y coercitivo aunque no se autotitule como secta.

Los diferentes signos que pueden ayudar a identificar si la naturaleza del grupo en cuestión es sectario se pueden cifrar en los siguientes:

1.- En todos ellos existe un líder muy carismático que personifica el ideario de dicho grupo y crea y mantiene la dinámica del grupo, además de dictar las normas de funcionamiento. Siempre tiene el líder un perfil psicopatológico, con trastorno de personalidad narcisista y paranoide, megalómano y con ausencia total de respeto al prójimo,

2-. Intentos constantes de aislar a cada miembro del exterior, especialmente de su familia y amigos, para que el grupo se convierta en la única fuente de relaciones fiables y adecuadas para el adepto que tiene que aceptar dicha premisa.

3.- Un fin de explotación económica de los adeptos que es el que guía la actuación del gurú o líder de la secta y del círculo más próximo de organización y dirección de la misma.

A cualquier desaprensivo le resulta fácil crear una secta, o pseudosecta, porque las personas que se sienten interesadas y acuden a ella ya están viviendo muchas dificultades y son fácilmente vulnerables. El manipulador en cuestión se aprovecha de su fragilidad y actitud de  sumisión exigida para conseguir sus oscuros fines, pues hay muchos captados por sectas que han donado toda su fortuna a la misma que, curiosamente, está siempre a nombre de una sociedad de la que es titular el líder o gurú correspondiente, o personas de su familia.

El problema que tienen los adeptos hasta que consiguen, si lo hacen, abandonar dicho grupo que les coacciona, es que no advierten que tienen un gravísimo problema, pues ha dejado su vida, su voluntad, su capacidad de tomar decisiones, su criterio y, en ocasiones, como ya se ha dicho anteriormente, su fortuna personal y/o de su familia, en manos de quienes se convierten en sus propios carceleros; en una cárcel sutil que no tiene paredes, sino muros emocionales y psicológicos que el propio adepto ha ido creando a su alrededor, instigado por la secta en cuestión, y en el que se ha aislado de todo, de todos y hasta de sí mismo, para convertirse en un ser desprovisto de autonomía y capacidad para llevar las riendas de su vida que llevan otros en su lugar, y todo ello con su propia aceptación voluntaria, ignorante del peligro que ello conlleva.

La familia, en este caso, es muy importante para que se pueda librar de dicha prisión mental –y de ahí el interés de las sectas en aislar al adepto de su círculo de relaciones familiares y amistosas-, por lo que el grupo familiar debe llevar a cabo una estrategia para que el captado por la secta pueda tocar fondo y se cuestione la realidad engañosa y perjudicial que está viviendo en la secta; pero siempre debe estar acompañado por el afecto, la comprensión y la solidaridad de sus allegados, ya que si se siente abandonado en los momentos de crisis y vacilación, no podrá nunca romper las ataduras que le unen y someten a una secta. Los especialistas afirman la gran importancia de la familia en estos casos para ayudar a salvarse al adepto de las redes sectarias que le aprisionan, pero sin exigencias ni reproches, sino desde la comprensión, el cariño y la ayuda psicológica y emocional que necesita quien está prisionero en su propia cárcel interior de emociones encontradas.

Una de las organizaciones que asesoran y ayudan a personas afectados por los temas sectarios es AIS. Cada año reciben entre 150 a 200 peticiones de ayuda de familiares de personas que han ingresado en una secta que, en la mayoría de los casos, son sectas relacionadas con nuevas terapias. Algunos casos se resuelven con la salida de la secta del familiar, aunque siempre quedan secuelas psicológicas en el afectado, como pueden ser el miedo, la depresión, el constante sentimiento de culpa y otras manifestaciones relacionadas con la dependencia grupal.  A pesar de ello, muchos piensan que un psicólogo no les puede ayudar a superar esa etapa de recuperación, antes o después de salir de la secta, cuando es un error, ya que estos profesionales son los más indicados para tratar a quienes se sienten atrapados en las peligrosas redes sectarias.

Lamentablemente, en nuestro país no existe una legislación sobre grupos sectarios, por lo que la policía muchas veces se encuentran  con un vacío legal que no le facilita luchar contra estos grupos tan dañinos que operan con total impunidad. Sólo se les puede aplicar el art. 22 de la Constitución Española, que determina que "las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales". Pero es un proceso largo que necesita testigos, denuncias y demás pruebas que demuestren tal actividad perniciosa cuando el daño ya está hecho a las víctimas de la manipulación y el lavado de cerebro.

En el ámbito penal, son de aplicación los art. 515, del actual Código Penal, sobre asociación ilícita, el 522 del mismo texto legal, sobre libertad de conciencia, también conocido como proselitismo ilícito; así como los arts. 149, sobre lesiones mentales, art.163, sobre detención ilegal, art. 171sobre el delito de amenazas; el art. 172 que regula el delito de coacciones, el art. 173.1 sobre el trato degradante y los delitos contra la integridad moral, también del Código Penal. Todos ellos son de aplicación a posteriori, es decir cuando se han producido los hechos que son denunciados, pero no son de aplicación a priori o de forma preventiva.

Además, también se pueden aplicar ciertos artículos de La Ley de Enjuiciamiento Civil (art. 756 a 763) que regulan el proceso de incapacitación, que supone la restricción de la capacidad de obrar de una persona, cuando carece de autogobierno (según el artículo 200 del Código Civil), y otros sobre la tutela de los hijos.

En España se legalizan, ya que se registran  muchas sectas como entidades religiosas, que son  consideradas peligrosas en toda Europa como es el caso de la Iglesia de la Unificación,  o de la Cienciología y, en el caso de Los Testigos de Jehová, ha obtenido un estatus jurídico especial. Todo esto asombra al resto de Europa donde no se permite la legalización de dichas entidades.

En nuestro país no existe ninguna institución pública que tenga como finalidad impedir que surjan nuevas sectas destructivas y realicen un estudio y seguimiento de las ya existentes. Muchos de los profesionales de la salud y diversos agentes sociales están reclamando, desde mucho tiempo atrás, la creación de un observatorio antisectas que tenga  personalidad pública.

Todo este vacío legal que impida la nueva creación de dichas  entidades sectarias con diferentes nominaciones, ya que las existentes han sido creadas al amparo de la Ley de Asociaciones, cuando no bajo el registro de entidades religiosas, ha permitido la gran proliferación de sectas en España y su aumento progresivo.

Por todo ello, quien esté  integrado en una secta, bajo la constante manipulación, coacción y lavado de cerebro que le aisla de la sociedad, de su familia y de su círculo de relaciones, y quiera volver a ser dueño de su vida y de sus decisiones, puede solicitar ayuda psicológica de los profesionales que le podrán ayudar a tomar la decisión de abandonar la secta de la que es prisionero, y si ya lo ha hecho ya, de retomar su vida con total normalidad, sin miedos, ni culpa, ni angustia, porque el trauma que deja el paso por una secta es siempre indeleble y necesita de la ayuda profesional de profesionales de la salud que podrán ayudarle a quitarse definitivamente el yugo que le mantiene esclavizado a una secta, cualquiera de las que pululan por el territorio español, y que son igualmente destructivas todas ellas.

La Asociación para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), entidad de iniciativa privada, independiente, sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, cuyo vínculo aparece más abajo, puede serle también de igual ayuda a quién se sienta atrapado en una secta o haya salido de ella con las graves secuelas psicológicas que dicha experiencia conlleva. Puede ponerse en contacto con dicha Asociación, porque tiene los medios, la experiencia y los profesionales clínicos adecuados para ayudarle a solucionar y superar  tan difícil trance. Una ayuda eficaz y desinteresada que es necesaria porque el afectado por una secta no puede por sí solo encontrar la salida y, si lo ha hecho ya, volver a recobrar su vida anterior en plenitud sin la ayuda de profesionales cualificados y expertos en tan difícil tarea.

http://www.ais-info.org/